Metafísica la ciencia dhlónhéidv (ontología) parte 3.
La entidad (ousía).
El término primero que garantiza la unidad (pros hén) de las distintas significaciones de 4ser’ y Ίο que es’ es, como veíamos, la entidad o ousía que se expresa en la primera y fundamental de las categorías. Y puesto que, como también veíamos, «la ciencia se ocupa de lo primero», la ontología ha de ocuparse fundamentalmente de la entidad.
Esta parte de la indagación ontológica (el estudio de la entidad) es llevada adelante por Aristóteles en los libros VII y VIII de la Metafísica. El capítulo inicial del libro VII se dedica a establecer la primacía de la entidad n en el ámbito de lo que es, de lo real, y a señalar cómo, en consecuencia, la pregunta acerca de «lo que es» viene a reducirse a la pregunta «¿qué es la entidad?» (1028b2-4). En el resto de este largo libro, juntamente con el siguiente, se lleva a cabo una laboriosa indagación acerca de la ousía o entidad, centrada fundamentalmente
en el estudio de la entidad sensible, material.
No es posible (ni necesario, seguramente) recorrer ahora en detalle el contenido completo de estos libros. Bastará con algunas indicaciones cruciales acerca de los caminos por los que se despliega la indagación aristotélica al respecto.
a) De acuerdo con su modo habitual de proceder, Aristóteles comienza distinguiendo los varios significados (usos, aplicaciones) de la palabra ‘ousía’ en el ámbito de la lengua filosófica; se dice que la ousía o entidad de cada cosa es (1) su esencia, y también (2) el género y (3) la especie que delimitan su ser, y además, (4) el sujeto o sustrato. Con el estudio de este último rasgo inicia Aristóteles su análisis, ya que «entidad parece
ser, en grado sumo, el sujeto primero (to hypokeímenon próton)» (VII 3, 1029a 12). Entidad es, pues* el sujeto primero » Aristóteles subraya que la entidad posee una triple prioridad respecto del resto de las cosas que son, las cuales n<í son sino determinaciones de la entidad: prioridad en cuanto a la noción, en cuanto al conocimiento y en cuanto al tiempo,
a) En cuanto al tiempo, porque solamente la ousía es «capaz de existencia separada» (choriste), es decir, solamente ella es subsistente, mientras que el resto {cantidad, cualidad, etc.) carecen de subsistencia, dependen de la entidad en su ser.
b) La entidad posee prioridad en cuanto a la noción, ya que en la noción de las demás está incluida necesariamente la noción de la entidad. Estas dos formas de prioridad se corresponden seguramente con los dos rasgos de «lo primero» que aparecen en el texto de IV 2 más arriba citado: «la ciencia se ocupa fundamentalmente de lo primero, es decir, de (a) aquello de que las demás cosas dependen y (b) en virtud de lo cual reciben la denominación correspondiente» ( 1003b 16-17). (o último): sujeto o referente último de nuestro discurso acerca de la realidad y, paralelamente, sujeto o sustrato real de cuantas determinaciones le atribuimos a modo de predicados.
La búsqueda del sujeto último caracterizable como «entidad » no ha de hacerse, sin embargo, mediante un proceso de remoción de determinaciones, ya que semejante modo de proceder nos llevaría, en último término, a algo indeterminado, a un sustrato material carente de cualquier determinación real: algo de suyo incognoscible a lo cual no cabría ya atribuir, como propio, predicado alguno l2. La entidad es, ciertamente, sujeto, pero no cualquier sujeto es entidad: ha de tratarse de un sujeto 1) separado (chóristón), es decir, dotado de subsistencia y 2) que sea un esto (tóde ti) algo esencialmente determinado. Tal es precisamente el caso de los individuos (un hombre, un caballo) pertenecientes a las distintas especies naturales.
b) Puesto que la materia es indeterminada de suyo ¿qué es lo que «saca» a la materia de su indeterminación haciendo que venga a ser, por ejemplo, un hombre, y no cualquier otra entidad o ousía? La forma, sin duda, señala Aristóteles. La entidad individual sensible es, pues, compuesta: es un compuesto de materia y formal3. Esta estructura hilemórfica de las sustancias o entidades naturales posibilita, a su vez, tres usos o aplicaciones del término ‘ousía Cabría, en efecto, denominar «ousía» 12 Cf. infra, VII 3. I029al 1-27, y n. 12 ad loe. 13 Materia y forma son dos de las cuatro causas reconocidas por Aristóteles.
Las otras dos son, como es sabido, el agente (aquello de donde proviene el inicio del movimiento) y el fin o causa final (aquello para lo cual). La metafísica ha de ocuparse de ¡as causas de lo que es. en tanto que algo que es. y por tanto, de las causas de la entidad (ya que «en todos los casos la ciencia se ocupa fundamentalmente de lo primero… Por tanto, si esto es la entidad, el filósofo deberá hallarse en posesión de los principios y de las causas de las entidades »: IV 2, 1003bl6-19). Sobre las cuatro causas, cf. Met. I 3, 983a24-32; también Física II 3, 194b23 ss. y 7, 198a 14 ss. de una cosa a su materia, además de denominar tal al compuesto (synolon) y a la forma l4. Ahora bien, de acuerdo con los rasgos especificados, la materia no es propiamente entidad.
Entidad es el compuesto de materia y forma, y con más razón aún lo es la forma misma, el eidos. c) La forma o eidos, que es la entidad por antonomasia, es la esencia de cada cosa, aquello que cada cosa es por sí, aquello que a cada cosa la constituye en su ser (to tí en einai). La interpretación de la entidad como forma / esencia configura una ontología esencialista. En este punto la indagación aristotélicaanda pareja de la de su maestro Platón. Las Formas / Esencias platónicas son núcleos o nudos de inteligibilidad cuyo entramado constituye el universo ideal de lo plenamente cognoscible. En ellas buscaba Platón —y hallaba— las «entidades estables» (bébaios ousía: Crútilo 386e) capaces de soportar el conocimiento firme y la denominación consistente.
También Aristóteles busca, dentro de un universo cambiante e inestable, ciertos puntos de anclaje sólidos y firmes para el conocimiento y para el discurso acerca de lo real. Bajo el movimiento, bajo la inestabilidad e indeterminación de lo accidental, Aristóteles halla estos «puntos de anclaje» en la entidad / esencia por referencia a la cual y acerca de la cual se articulan nuestro conocimiento y nuestro discurso.
Como consecuencia de esta sintonía de intenciones entre Platón y Aristóteles ha llegado a ser un lugar común aquel decir según el cual Aristóteles «bajó las Formas platónicas de los cielos a la tierra», eliminando su transcendencia y proclamando w Cf. De Anima II I, 4l2a6-9. 15 La palabra ‘forma* se utiliza para traducir dos términos griegos: etdos y morphe. Sobre la importante diferencia de matiz entre estos dos términos en la filosofía de Aristóteles, cf. mi «Introducción» a Acerca del alma, Madrid, Gredos (B.C.G., núm. 14), 1978 (2.* reimp. 1988). pág. 109.
su inmanencia. Este tópico encierra cierta verdad, sin duda, si bien habría de someterse a no pocas puntualizaciones. Limitémonos a señalar al respecto que la forma, el etdos, en tanto que esencia, presenta en Aristóteles una doble cara o vertiente. En primer lugar, el etdos es aquello por lo que conocemos verdaderamente qué es cada cosa. Se trata de la cara o aspecto «lógico » 16 que de la cosa se muestra al entendimiento y que éste comprende, articula y enuncia en la definición correspondiente.
Pero Aristóteles no se limita a contemplar el etdos «desde fuera », desde el aspecto que la cosa muestra al conocimiento. Además y en segundo lugar, Aristóteles lo considera también «desde dentro», y en esta consideración reside seguramente su mayor originalidad respecto de su maestro. Visto «desde dentro », el etdos, la esencia, es la actividad o actividades que ejecuta una cosa de suyo y a través de las cuales se realiza en su ser. Así, si el hombre se define como «(viviente) animal racional », ser hombre efectivamente consiste en estar actuando como tal, consiste en ejecutar el conjunto de actividades que lo definen: ser hombre es alimentarse y reproducirse («viviente»), es ver, sentir y desear («animal») y es, además, recordar, pensar y querer («racional»).
La forma es, pues, acto o actividad (c f IX 8, 1050a21- b2),7. Acto o actividad que, conforme a la distinción aristotélica de IX 6, más arriba citada, no posee ningún fin distinto, más 16 Respecto de la expresión logikos, cf. infra Vil 4, 1029b 13-20, y n. 16 ad loe. 11 Muchos especialistas actuales (especialmente en el mundo anglosajón) pasan por alto totalmente este aspecto esencial de la concepción aristotélica
de la ousía, limitando el estudio de ésta a su:; aspectos lógico-categoriales.
Con semejante modo de proceder (es decir, prescindiendo totalmente de la noción de acto, de actualidad), es imposible captar adecuadamente el sentido de la teoría aristotélica de la forma y de la entidad. allá de sí misma, sino que ella misma es el fin ,8. Los eídé, las formas específicas o, si se prefiere» las especies en tanto que formas, no poseen otro fin que su propia actualización, su propia realización plena y permanente, generosa y gratuita.
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