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Enseñanzas de Metafísica Conny Mendez.

 

Metafísica de la luna y su origen.

Entre tantas conjeturas que pu­lulan acerca del origen de la Luna, vamos a dar una versión que aunque no podamos lanzarla como Verdad Metafísica, es posi­ble que salga su verificación muy pronto.

La tradición dice que la atmós­fera del planeta Tierra cargada de la energía mental destructiva ema­nada por sus habitantes, es lo que la mantiene inclinada. ¿Pero cómo fue que se inclinó? ¿Qué tamaño choque, o sacudida sufrió para sa­carla de su perpendicular?

Pues, hacen muchos ciclos y eones, eras y edades, cuando los hombres conocían la Ley de Mentalismo pero la empleaban egoístamente, usaban el poder mental humano para fines de ambición, arrogancia y lujuria, hasta que los directores planetarios tuvieron que tomar medidas drásticas.

La perversión de las puras fuer­zas vitales comenzó, cuando las primeras exuberancias de poderes síquicos, en que los hombres for­maron una jerarquía sacerdotal en el antiguo continente Atlante. Es­tos eran magos negros que domi­naron al mundo de entonces y de­rrumbaron todo conocimiento de la mente cósmica. Se hicieron necesarias medidas extraordinarias para salvar el res­to de la raza en el planeta, y los altos poderes tuvieron que pla­near y ejecutar la destrucción del continente Atlante y de toda su gente.

Hasta el propio suelo que ocu­paban aquellos ocultistas, satura­do de vibraciones lujuriosas y egoístas tuvo que ser sacrificado, pues se hizo inapto para continuar formando parte del planeta madre.

La parte de tierra corrupta fue socavada de lo que ahora es el océano Atlántico, y lanzada al es­pacio donde se volvió la masa ina­nimada que se conoce con el nom­bre de Luna. La Tierra tambaleó como un ebrio bajo el impacto de esta terrible operación quirúrgica, y aún continúa bamboleándose en contorno a su eje por efecto del shock en la extirpación de tan grande porción de su cuerpo.

Antes de la catástrofe, un clima tropical se extendía por toda la Tierra hasta los propios polos. Los residuos de animales y plantas tropicales aún se encuentran en las zonas glaciales, mudos testi­gos de que un cambio grande y repentino ocurrió en un momento en la relación del planeta con el Sol. La retirada del calor causó un frío anormal a los polos en aquel entonces, congelando la lluvia, que se fue amontonando hasta formar capas de gran profundidad. Esto trajo la era glacial que perduró miles de años y la cual nos es re­cordada con los vientos helados del norte y los meses de frío y nieve. Sin embargo, la Tierra poco a poco va recuperando su equili­brio y a la sazón, será restaurada a su prístina Era de Oro, cuando según la Biblia, todos los desier­tos florecerán como la rosa.

En cuanto a que la Luna esté deshabitada, nada hay de más in­cierto. Lo que ocurre es, que los ojos del cuerpo no ven sino lo sólido. No están hechos para ver cuerpos sutiles, de los cuales to­dos poseemos cuatro.

Primeramente, hay un lema metafísico que dice “la naturaleza de­testa el vacío”. Donde quiera que haya un espacio, viene algo a po­blarlo u ocuparlo de inmediato;

pero tiene que ser algo de la misma naturaleza que el espa­cio correspondiente, por Ley de Atracción.

No puede ser ocupada por hu­manos, porque estos precisan de oxígeno y sus componentes. Así como en el elemento agua existe vida acondicionada para perdurar en ella, como los peces; en la Luna hay seres acondicionados para exis­tir sin oxígeno, aire, agua, por ejemplo los llamados “espíritus del astral” que no son otra cosa que materia menos densa. En otras palabras, hay una espe-cie que no puede sobrevivir sino en las condiciones de la Luna. Pre­cisamente esas que cualquier otro planetario no podría soportar.

En el cosmos no existe desper­dicio. Los seres que fueron expeli­dos de la Tierra por la ley del equilibrio universal, quedaron asi­dos a su morada natural, la Luna, prisioneros de la gravedad terrena.

Habían sido magos negros que aprovecharon sus poderes para do­minar a otros y mantenerlos pri­sioneros de sus caprichos. Esa Ley de equilibrio universal, llamada karma, equilibró el abuso colocán­dolos en sitio desolado, por tanto tiempo como lo exigiera la Ley para nivelar la deuda. Ya parece que se va agotando el karma de los lunarios porque al pisar la Luna el hombre de la Tierra, llevó una miríada de vibraciones de vida nueva al solitario satélite.

Las almas que por tantos eones han permanecido mandando a la Tierra influencias lunares benéfi­cas para la vida y alimento de los seres a quienes antes dañaron (be­néficas porque son sobre las cose­chas, mareas, y la menstruación que rige la reproducción humana) contrarrestan en esta forma las vi­braciones lunáticas que sólo per­turban a aquellos llamados “locos” cuyos “Yo inferior” aún vibran en planos-paralelos al de la magia negra.Todos nos ayudamos los unos a los otros. Al “subir” el hombre a la Luna, atrae las miradas y pensamientos de los demás terrenos, despegándose de esta forma, las mentes de los problemas físicos, diarios, olvidándolos momentánea­mente y dejando que las cosas en­cuentren su acomodo que no lo­gran mientras la mente esté fija en ellas. Esta es la Ley metafísi­ca que tú conoces, pero ignorada aún por la mayoría de los terrenos y siendo la causa por la cual no logran manifestar sus deseos.

Significado Metafísico de la Semana Mayor

El Maestro Jesús se encontró con una situación delicada. Los hebreos creían en un solo Dios, es verdad, pero a ese Dios lo consideraban estar localizado aparte, separado, allá en una región indescifrable e indescriptible, y aunque por tantos siglos lo nombraron (y lo nombran) por el nombre hebreo que les enseñó Moisés, o sea “Jehová” y “Yaveh”, parece que el significado tan obvio no les penetró en la mente.

Jehovah y Yaveh dicen, textualmente, “YO SOY”. Ese es el signi-ficado. De acuerdo con el “Léxico Hebreo de Lee”, Jehovah es el principio masculino o padre, y Yaveh es el principio femenino, o madre. Este último es el que las iglesias sectarias han dado por llamar el “Espí­ritu Santo”, o sea la parte femenina, afectiva, sentimental de Dios.

Claramente, Moisés enseñó que eso que llamamos “Dios”, está dentro de cada ser.

Claramente, como luego verán en el Capítulo “GÉNESIS”, él enseñó que el pensamiento es el padre, y el sentimiento es la madre.

Claramente, la llama triple (ver nuestra portada) nos dice que la llama azul representa al padre, la llama rosa representa la madre y la llama amarilla representa el hijo, o producto de estos dos. Dios, o la Trinidad pues, se puede contactar con el pensamiento y el sentimiento, y a eso fue que se refirió tanto el ascendido Maestro Jesús, cuando por tres años estuvo enseñando que el Reino de los Cielos, y el Reino de Dios “están dentro de ti”. Sin embargo, la gente ha continuado sin tomarlo en serio.

También explicó hasta la saciedad que la muerte no existe, que es sólo una idea que se puede superar, y llegó hasta el colmo de probarlo en carne y vida propia, poniendo el ejemplo frente a los ojos, dejando que lo “mataran” con una espada en el corazón, y con todo eso, después de todo eso, comprobó que él ¡NO MURIÓ! Cuando sus seguidores fueron a buscar su cuerpo, en un sepulcro prestado, encontraron la tumba abierta, y un individuo sentado esperándolos para decirles: “No está aquí. ¿Por qué lo buscan entre los muertos? Vayan a buscarlo entre los vivos”.

A pesar de que los textos bíblicos no dicen que Jesús murió en la Cruz; pues lo que dicen es que “entregó el espíritu”, lo cual significa en el lenguaje espirita de la época, que proyectó su cuerpo etérico o que se desdobló y esto está comprobado en los textos traducidos al inglés, del arameo, con la forma de “entregó el fantasma” (gave up the ghost), porque no tenía por qué continuar soportando irrespetos; el mundo corriente no ha podido leer entre líneas y ha continuado creyendo que el Maestro murió, fue sepultado y que resucitó al tercer día.

Lo que realmente hizo el ascendido Maestro Jesús fue permanecer ausente del cuerpo físico y luego recuperarlo cuando hubo terminado la misión que fue a cumplir en los planos subastrales.

A pesar de que los textos dicen que fue visto el Maestro caminando vivo por los caminos, que mostró las heridas de ese cuerpo y hasta permitió que se las tocaran; todo fue para comprobar que aquel era el mismísimo cuerpo físico que había sido ostensiblemente “matado”, las multitudes continúan llorando su “muerte” y exhibiendo su imagen colgado en la cruz, olvidando totalmente la versión que después circuló, de que “había resucitado”, en un esfuerzo por aclarar el misterio.

El Maestro sí resucitó a Lázaro quien sí había dejado el planeta. Sí invocó la vida que existe en todo, aún en lo aparentemente inánime. Pero un mínimum de consideración sobre los hechos, comprueba que las células iluminadas, vibrando a tan altísima frecuencia, no es posible que las desintegre la obscuridad, ¡por Dios! Al Maestro no lo podía tocar ni remotamente una vibración de malestar siquiera. El lo dijo cuando declaró: “El Dios de este mundo (el mal) viene a mí y no encuentra nada en mí a que asirse. (Nada puede entrar en nuestra experiencia a menos que encuentre algo afín en nosotros), prueba de que una vibración menor no puede afectar a una vibración mayor. Esto último se puede comprobar en nuestros días.

Toda su actuación, que en las eras subsecuentes ha sido conmemo­rada en la Semana Mayor llamándola “La Pasión”, fue efectuada con miras a la era presente, o sea, para que fuera comprendida en nuestros días, ya que en aquélla no se podía entender científicamente; y me atrevo a adelantar que aún faltan años para que sea aceptada mundialmente la verdad.

Esto es, a grosso modo, la explicación metafísica de la “muerte” del ascendido Maestro Jesús, el Cristo en la pasada “Era de Piscis”.

Como ya tú lo sabes, las eras son: una negativa y otra positiva. En la negativa se crece todo lo material, visible y se “oculta” lo espiri­tual. En la era positiva decrece la importancia de lo material; se revela lo espiritual, o sea que se habla abiertamente, públicamente todo aquello que se escondía como cosa vergonzosa porque surge primeramente la sospecha de que en aquello que es invisible, pero no insensible, está la verdad y se impone el deseo de saberlo, y luego la avidez por todo lo espiritual.

A todos aquellos que se les llamaba “locos” porque hablaban de cosas invisibles e inaudibles para la mayoría, se les busca para escuchar­los con más detenimiento, y avanzando la era positiva, los “locos” resultan ser aquéllos que se ciegan y se ensordecen a la comprobación científica y matemática de la existencia real del espíritu y lo espiritual, (Einstein decía que mientras más profundizaba el comportamiento de la luz, más a menudo se encontraba con la comprobación del espíritu).

Por esta circunstancia, el Maestro Jesús, que vino en una era nega­tiva, obscura, materialista, tuvo que recurrir a medidas tan drásticas como la “Pasión” y la “Crucifixión” pública, para dejar en la mente del planeta, la comprobación de que la muerte es sólo una idea que se puede superar como la superó él.

Los Maestros, cuando se les hacían preguntas respecto a los “sufri­mientos y muerte” de Jesús, siempre han contestado “el vino a cumplir una misión y escogió él mismo esa forma de llevarla a cabo”. Pero eso han dicho hasta el momento del cambio de la era de negativo a positivo, de material a espiritual, de Piscis a Acuario, cuando no se podía compren­der la relación del pensamiento individual y colectivo a los males del planeta. Pero con el cambio de la era, que de acuerdo con las profecías “Nada quedará oculto sobre la faz de la Tierra” y el anuncio del Maestro, que el nuevo mundo vendría cuando “caiga el manto de la vergüenza” significa que ya se puede ir hablando de todo, porque es la era positiva, la era de la verdad, además de que los humanos ya estamos mentalmente adultos para comprender todas esas cosas.

Sería demasiado largo -y prematuro- describir aquí y ahora lo que se sabe en metafísicas de la verdadera misión del Maestro Jesús, pero daremos algo para dar una ligera idea de las profundidades, o sea la incógnita que hay aún en ello para las conciencias terrenas.

Por ejemplo, el nombre “Gólgota” del monte donde ocurrió la crucifixión, significa “lugar del cráneo”.

Ya tú sabes que en la mente (físicamente, cráneo) es donde polari-zamos lo negativo en positivo. En lenguaje metafísico también lo llama-Imos “cruzarlo” o “crucificarlo”. Es sencillamente formar el signo MAS (+) del signo MENOS (-). Cada vez que a alguno de nosotros nos llega el momento en que nos cansamos de estar manifestando un defecto, o que nos exaspera un hábito o una idea -digamos que una muchacha ya le molesta mucho el hábito de comerse las uñas y resuelve terminar con esa costumbre- nosotros decimos que crucificó el negativo.

Otro ejemplo es el “Cáliz” tradicional. La generalidad lo asocia con “el cáliz de la amargura”, y la otra expresión “apurarlo hasta las heces”, sin jamás recordar la parte positiva que contiene. Pues en meta­físicas el cáliz es símbolo de “la conciencia de vida eterna”.

Cuando alguien ya ha logrado apersonarse de lo que es una vida eterna liberado del error, los sufrimientos; cuando ya ha crucifi­cado o “positivado” todos sus falsos conceptos, se ha hecho digno de “beber el cáliz”, o de “apurar el cáliz”. Generalmente ese cáliz lo repre­sentan muy bello, en oro con piedras preciosas. Es un delicioso brebaje y no tiene nada que ver con amargura.

Cuando Jesús restauró la oreja del hombre que había sido cortada por Pedro en el momento en que venían a buscarlo para llevarlo preso, el Maestro protestó y dijo ¡Envaina tu espada! El cáliz que me ha dado mi padre a beber ¿no he de beberlo acaso?

Te atreves tú a creer que “el padre” puede haberle dado un trago amargo a su hijo? (Ver “Metafísica al alcance de todos”, capítulo 1, página 13).

¡El Maestro defendió ante Pedro su derecho a beber el cáliz que le dio su Padre! Defendió su derecho a la Vida Eterna. El estaba ya muy próximo a terminar la misión triunfal que lo había traído a la Tierra, y protestó de que Pedro impidiera o retardara el final.

Nadie puede redimir a otro, tal como no se puede dormir, ni comer, ni digerir por otro. Sólo se puede allanar el camino, facilitar la tarea o abrir una puerta de entrada, pero cada cual tiene que hacer por sí sólo la trayectoria, sea a pie, en automóvil, en barco o en avión. El trasla­do hay que efectuarlo uno mismo.

El ascendido Maestro Jesús, manifestando ya externamente su Cristo interior, vino a allanarnos el camino, facilitarnos la tarea y abrirnos la puerta a esta era en que hemos entrado.

Andando la era, se verá comprobado lo que acabamos de decir. La Tierra está a punto de efectuar un cambio en su eclíptica (el término “a punto” puede que diste de 30 años a 1000 años). En su momento, ella entrará en la órbita de Venus. Tiene que ponerse ligera, apurando su velocidad y enderezándose.

Recuerda que la Ley de Correspondencia dice: “Como es arriba es abajo” y viceversa. Igual cambio estamos efectuando en los cuerpos sutiles. Tenemos que quitarnos el lastre, ponernos ligeros, aumentar nuestras vibraciones y volvernos más “rectos”. (Ver el maravilloso No 7, Leyes Universales).

Sin la obra del Maestro Jesús, jamás hubiéramos podido lograrlo.

La efluvia* que rodea al planeta se iba a hacer demasiado espesa. El abrió una brecha de la Tierra a las tinieblas y de allí al Plano Crístico para que “el que quiera beber el agua de la vida”, que lo haga. O sea, el que quiera y pueda elevarse, superarse y espiritualizarse, tiene el camino abierto. (Ver libro No 4, La Llama Azul).

* EFLUVIA: es la masa de energía negativa que se ha acumulado alrededor del planeta, formada por los odios, maldades y pesimismo de la humanidad entera.

 

 

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